Queridos lectores,
Quiero compartir con ustedes un fragmento de uno de los relatos que compone mi libro Seis Relatos de Terror I. El mismo se llama En el nombre del Padre y tiene como marco histórico la segunda invasión inglesa en La Argentina, año 1807, cuando los dragones ingleses ingresaron al virreinato del Río de La Plata e irrumpen en el Monasterio de Santa Catalina de Siena tomando allí de rehenes a las monjas capuchinas y catalinas. Dentro de tanta tragedia y masacre, el amor surge entre un joven dragón llamado William y Fátima, una dulce monja adolescente.
A lo lejos oyó el grito de varios hombres:
- Retreat!- “¡Retirada!”
Sintiéndose un poco aturdida por la nube de sentimientos negativos que su corazón estaba soportando tan de repente, apenas notó cómo William ante la incesante negativa de las tres monjas que lo atendían, se levantaba del suelo. Pálido y ojeroso, se apoyaba en Fátima para caminar hasta donde se debería de encontrar el Teniente General Withelocke. Una de las monjas le cedió una madera de un armario destrozado para que éste lo use como bastón. Pero Fátima, de todos modos, lo siguió.
–Come with me. –“Ven conmigo” leyó de lejos sus labios la superiora.
<<¡No!>> –se dijo en silencio. <<¡No lo voy a permitir Fátima!>>
Observó a la joven asentir mientras le sonreía y se aferraba de su brazo cuando el inglés escondió su rostro en el cuello de ella para sonreír débilmente emocionado. No hacía falta entender el idioma del otro para poder expresar sus sentimientos. Sin saber ninguno de los dos una palabra de lo que se decían, se entendían completamente con sonrisas y gestos.
Eso, es el amor más puro.
Esa, es la felicidad.
Avanzó hacia ellos y vio cómo ambos caminaban hacia la salida del convento, a unos metros más a adelante que ella. Agarrados muy fuerte el uno del otro, Fátima guiaba al pobre muchacho junto con el resto de soldados que se juntaban todos en una especie de fila recta camino hacia las calles empedradas y embarradas por la fuerte lluvia que se había desatado. Cuando cruzaron la puerta del convento entre los otros soldados, ella abandonó su posición y comenzó a seguirlos. Salió a la calle y notó en sus mejillas las frías gotas de lluvia deslizarse por su cuello. Su ropa comenzó a mojarse con cada paso que daba en dirección opuesta a lo que siempre tuvo que obligatoriamente llamar hogar.
De reojo los observó comenzar a atravesar la plaza y notó, en cambio, que el malón de soldados que iba con ellos, doblaba hacia el fuerte para ir hacia los barcos amarrados en el puerto. Los siguió palmo a palmo sin quitarles la vista de encima. Vio que un farolero corría entre los charcos de barro para ir de farol en farol prendiéndolos ya que la noche había subido su telón y la oscuridad era casi absoluta.
Feliz San Valentín.

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