jueves, 17 de agosto de 2017

Capítulo XII- Los Espíritus de la Selva


-   ¡Alto, policía!

El cacique abrió los ojos de par en par y levanto los brazos retrocediendo unos pasos por el pasillo. Apuntándolo con una pistola a la que aferraba con ambas manos con fuerza, el policía que se encontraba parado en la puerta de entrada a la casa le hizo una seña para que éste se tirase al suelo llevando sus muñecas a la nuca y entrelazando los dedos a la altura de la cabeza. 

Fue apoyar su cuerpo contra el piso que dos hombres uniformados ingresaron corriendo y lo esposaron. El detenido no opuso ninguna resistencia, sino que se dejó hacer mientras escuchaba el discurso de uno de ellos respecto a sus derechos y obligaciones. Tenía la mejilla derecha contra el suelo de piedra y podía ver de reojo que eran cada vez más las personas que se amontonaban e inspeccionaban los rincones de las habitaciones contiguas.

Después de unos segundos de barullo tranquilo y casi silencioso, escuchó los gritos aterrados de varios de ellos al encontrar los cuerpos repartidos por todo el lugar.

Había pasado un cuarto de hora, según lo que el cacique calculó mentalmente cuando dos oficiales lo pusieron de pie y lo llevaron con la cabeza gacha hasta un patrullero muy mal estacionado en el jardín. Al salir, se sorprendió al toparse con uno de los chicos de su comunidad que estaba ayudando a una chica muy mal herida y desvanecida contra una pared del pasillo principal cerca de la cocina.

Cuando él entró a la casa, ¿estaba esa mujer allí? La verdad, no lo recordaba. Ni tampoco tenía intención de hacerlo. ¿Y por qué estaba Newen con ella?

Ni bien se llevaron detenido al cacique, dos coches patrulla y una ambulancia llegaron, donde de este último bajaron un médico y dos enfermeros que corrieron a atender a Emily.

De las patrullas bajaron cinco policías, el oficial superior a cargo de la investigación y un hombre alto de rasgos asiáticos que voló ni bien sus pies tocaron el suelo hacia el interior de la casa. Newen, que se encontraba al lado de Emily protegiéndola se erizó al notar que el japonés entraba en estado de shock al verla y se arrodillaba a su lado bajo un mar de lágrimas de desesperación. Cuando los enfermeros acostaron a Emily en la camilla y la entraron en la ambulancia el muchacho oriental se subió a la camioneta para ir con ella. Pero antes de hacerlo, se giró y le dijo al guaraní:

-  Gracias por cuidarla.

Asintiendo un poco confundido, Newen espero a que los portones del vehículo se cerraran para ir tras un policía y pedirle que lo acompañe hasta donde se encontraba Sami. Previo a salir en su búsqueda, fue testigo de cómo sacaban de la casa los cuerpos embolsados de tres niños y una mujer.

Para cuando lo hicieron con el del alemán, Newen pudo jurar ver cómo las comisuras de la boca seca del fallecido se levantaban en una sonrisa antes de que la bolsa de plástico azul se cerrase del todo.



---


El juicio se llevó a cabo entre gritos de familiares indignados y dolidos, y llantos de arrepentimiento del jefe de la tribu quien fue el único procesado ya que los principales culpables habían sido asesinados.

El cacique confeso todo, no dejo nada por decir. Se ganó una condena de más de cinco años de prisión por haber sido partícipe de los crímenes cometidos por el alemán Ludwig Mosel, médico cirujano, anestesista y embalsamador por encargo.

- Era un loco genio. – le dijo Rye a Emily mientras le llevaba una cucharada de sopa a la boca. Él le iba relatando todo lo sucedido en el caso a medida en que la ayudaba a alimentarse.

-  Puedo sola – le regañó, pero el japonés hizo oídos sordos y continuó cargando la cuchara en el líquido espeso que sabía de maravillas.

Al ver que este no le hacía caso, se limitó a dejarse hacer y pedirle que continuara contándole lo que sabía del caso.

- Estaba desesperado por conservar las tierras que recién le habían devuelto gracias al alemán. Me refiero al cacique. – le respondió riendo al ver su cara de desconcierto. – Esto va a quedar en la nada misma.

Emily frunció el ceño.

- ¿Por?

- Porque esto es algo político. Algo gordo. ¿Sabés por qué esta investigación se comenzó a hacer? ¿Por qué la policía estaba como loca buscando a los chicos?

Emily negó aún más desconcertada.

- Porque les corresponde y es su trabajo.

-  No -  la calló secándole los labios manchados con un beso. Saboreando su sabor, continuó el relato con su aterciopelada voz suave. – Porque el padre de uno de los niños desaparecidos es un político de Misiones. Y del partido contrario al que gobierna actualmente. Pero aparte de todo esto, es que el asesino era también un peso fuerte en la gobernación local. Era uno de los principales inversores para el mantenimiento y mejoras de obras públicas del pueblo de Iguazú. Especialmente del hospital.

Emily se quedó de piedra.

-  Es broma.

Rye negó con la cabeza apoyando la cuchara en el cuenco para volverla a llenar. Sintió la mirada penetrante de la joven tras sus grandes anteojos que la hacían la mujer más hermosa de todas.  La conocía muy bien y sabia el torbellino de pensamientos que estaba sufriendo ese increíble cerebro.

- Emily

- O sea, todo el mundo sabía lo que hacía este hombre. Todo el pueblo es cómplice porque conocían las prácticas de éste con los niños. – levanto la mirada y se rio en una carcajada cargada de bronca. – Por eso la historia del hombre de la bolsa. La gente de aquí tenía miedo por sus hijos. Es así como crearon o se acoplaron a la leyenda original para que sus pequeños no fueran sus víctimas. Porque nadie podía parar a una bestia como esta. La bestia tiene poder, él podía hacer lo que quisiera.

Rye bajo la vista y le agarro la mano cariñosamente.

-  El cacique confesó ante el juez que, como el alemán lo había ayudado a recuperar las tierras que gobiernos anteriores le habían arrebatado a su comunidad, entonces por miedo a que se las vuelvan a sacar él no dijo nada de lo que éste hacía en su propiedad. Si no lo delataba, no perdía sus terrenos. Así de fácil.

- Tsk. ¿Y el chamán? ¿Qué rol cumple ese hijo de puta en todo esto? Él fue quien secuestró a los chicos y se los llevó para que los matase.

Rye frunció los labios.

- No lo sé. Pero ya castigo no va a tener porque le hiciste un tajo en el cuello que lo dejo sonriendo para siempre.

Emily echo la cabeza de costado pensativa y se tocó la manguerita del suero que corría en su mano.

- Contame más del asesino, el alemán Ludwig. ¿Qué hace un germano acá?

Rye le levanto la bandeja con la comida del regazo y la deposito en una silla para volver a sentarse a su lado.

-  Escapó de la segunda guerra. Se trajo consigo a la familia y una maleta repleta de maniquíes que dijo eran para enseñar anatomía en la universidad.

- ¿Eh? ¿Tienen universidad acá?

-  Ni idea. Pero con esa excusa hizo entrar un montón de cadáveres embalsamados de niños europeos.

- Su mujer estaba sentada en la cama de la habitación. Me encontraba tan asustada que creí que me había gritado, algo imposible la verdad. Vi a sus tres hijos como muñecos exhibidos en un sillón de la biblioteca. – se quedó callada un rato pensando. – No me percate de que tuviese en la casa alguna simbología nazi, o cosas que hayan pertenecido al Holocausto.

Rye la frenó.

- No vayamos más lejos que bastante complicada y delicada es la situación actual.

Emily le dio la razón y lo dejo a que la ayudase a recostarse. Ya era tarde y la sien comenzaba a latirle.

El japonés la tapo bien y la beso un largo rato hasta que la joven comenzó a dormitarse. Se saco los zapatos y se acostó a su lado para abrazarla suavemente.

-  Gracias por haber ido a la comisaria a denunciarme. – le dijo ella con una sonrisita.

Él le apretó la cadera juguetonamente y le acerco los labios al oído.

- Fue Clara quien te rescató. Ella salió corriendo y fue encontrada por una familia guaraní que tiene la casa cerca de donde la habían mantenido cautiva. Estos dieron aviso a la policía y así fue como entraron al corazón de la aldea donde rescataron a uno de los chicos desaparecidos y a una niña del pueblo. Las mujeres de la comunidad narraron por donde se había ido su líder y una médica. Acto seguido me llamaron a mí que fue el que hizo la denuncia para que vaya a reconocer el cadáver del chamán, a quien vos me dijiste que denunciara.

Emily movió la cabeza asintiendo contra el pecho del muchacho mientras él, con el pulgar, le acariciaba el brazo por encima de la tela del camisón.

- Menos mal que entendiste la indirecta del mensaje que te envié.

Rye suspiró. Ambos tenían como código decirse la palabra denunciame cuando uno de los dos estaba en peligro. Eran escasos los momentos en que tuvieron que hacer uso de la misma, pero les servía a modo de seguridad.

-  Minutos antes me habías avisado que ibas a estar con el doctor guaraní. Así que era lógico que a quien tenía que denunciar era a él por la desaparición de los chicos.

-  Mmmm.

Estuvieron callados durante bastante tiempo. Cuando el japonés estaba a punto de quedarse dormido, escucho la voz bajita de Emily.

-     Cuando salga de acá quiero ir a ver a los chicos. A Sami, Clara y a Juan. Se que ya están con sus papás, pero necesito verlos.

-   Si, querida.

-    Y cuando salga de acá quiero ir a llevarles una flor a los niños que enterraron.

Rye respiró impaciente.

-  Y cuando salga de acá...

-   Si, querida.



Un mes después




Se agacho con la ayuda de Newen y depositó una flor en el último epitafio de madera del pequeño cementerio. Se habían enterrado más de veinte chicos embalsamados en el lugar donde una vez un precioso jardín existió. En medio de los árboles y tumbas una fuente de agua decorativa de mármol y piedra le daba de beber a los animales que pasaban por allí.

 Los rayos del sol se filtraban por entre las hojas de las palmeras y helechos y se convertían en luces verdosas que acariciaban las cruces de madera clavadas en un extremo de la tierra.  A pocos metros de ellos, una catarata de agua escondida entre la vegetación brindaba paz con el sonido envolvente del agua al caer.

De todos los fallecidos allí solo se pudo nombrar las fosas de los hijos y esposa del asesino. Para todos los demás, sus nombres serían simplemente un anónimo.

-    Los Espíritus de la Selva

Emily se giró y miro de reojo al guaraní.

-   Aquellas almas que perezcan en estas tierras y no tengan un lugar a donde ir serán los espíritus solitarios que cuiden de esta selva por siempre hasta encontrar el descanso eterno. 

Cerrando los ojos, la Emily se enderezo del todo y respiro hondo el cálido aire de aquel escenario salvaje. Se encontraba rodeada de tumbas y árboles que le recordaban una vez más que no todo estaba terminado.

No, aún faltaba mucho más.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar hasta donde se encontraba su moto estacionada. El aborigen se quedó observando un rato el fúnebre paisaje hasta que se volteó y sintió su mirada curiosa.

-    ¿A dónde vas? - le preguntó yendo hacia ella que le tendía un casco para que se lo pusiera. – No estás en condiciones para manejar todavía.

-    Me voy a buscar el cadáver que me falta. El de Guille. ¿Venís o no?

Con una sonrisa de lado, Newen se puso el casco y se subió a la moto.






 Notas:

Queridos amigos, es un placer haber escrito esta corta novela para todos ustedes. Mil gracias por todo el cariño que me han brindado durante estos doce capítulos. Les cuento que la misma tendrá continuación. ¿Cuándo? La verdad, no lo se pero les prometo que la espera -sea cual sea- valdrá la pena.

Para aquellos que me preguntaron por Emily y Rye solo les puedo decir que esperen a Octubre de este año. Grandes anuncios vendrán.

💀 Facebook: Rocio B. Elysee escritora

💀 Grupo FB: Entre tumbas y leyendas

💀 Blog: entretumbasyleyendas.blogspot.com.ar

Todos los derechos reservados. 


miércoles, 9 de agosto de 2017

Capítulo XI- La Sombra




-          Clara, vine a rescatarte. – se le acercó, pero la nena atino a pegarle. Esquivando sus puñitos débiles pero enérgicos, la sujetó por los hombros y la miro a los ojos fijamente.

-          Nos vamos de acá. Vamos a buscar a mamá. - la nena berrinchó, pero Emily la sacudió de tal manera que la criatura paro con los lamentos al instante en que le dijo- vamos con mamá.

Con las mejillas empañadas de lágrimas, Clara repitió la última frase como autómata. Notándola más relajada, Emily se puso derecha y sintió que en su sien un objeto frío la tocaba moviéndole apenas el cabello.

De una sacudida, pego un grito y se hizo de lado justo cuando la bala se disparó rozándole la nuca. Cayendo al suelo, se llevó una mano a la cabeza para palpar la herida que había comenzado a dolerle ferozmente. Sintiendo la viscosidad de su propia sangre entre los dedos, empezó a comprender el peligro de la situación. 

De reojo vio que el viejo le apuntaba a la espalda y apretaba el gatillo en el momento exacto en que ella rodó de costado y le encajó una patada en la ingle que lo hizo doblarse en dos gimiendo como un perro rabioso.

Sin esperarlo a que se recompusiera e ignorando el latido que extrañamente comenzó a sentir en su cerebro, se abalanzó hacia el asesino e intento quitarle de las manos la escopeta. Jadeando ante la sorpresa, el alemán se echó hacia atrás unos pasos y le apuntó al pecho cuando ella sin darle tiempo a reaccionar se le tiro encima agarrando el frío cañón con ambas manos para desviarlo hacia arriba.

Abriendo la boca y mostrándole los dientes amarillos y desgastados, el hombre abrió los ojos como si estos fuesen a salírseles de las órbitas y llevo su cabeza hacia adelante con una risa de payaso demoníaco mordiéndole la mejilla con fuerza logrando que la joven soltase el arma y se alejara rápidamente. Al hacerlo los dientes le desgarraron la carne quedando parte de su piel colgando de a jirones en la boca del asesino.

Llorando del agudo dolor caliente que le abrazaba la cara, Emily intento cubrirse la herida con la mano sin tocarla.
Escupiendo los restos de piel que quedaron en su boca el alemán le sonrió de costado y volvió el arma hacia ella nuevamente mientras ésta lo miraba aturdida. Emily veía nublado y la cabeza le iba a estallar en cualquier momento. Tenía muchas ganas de cerrar los ojos y dormir por un largo rato. El cuerpo le pesaba y el cansancio general que sentía no la dejó esquivar el puñetazo que é le propinó en la otra mejilla haciéndola caer hacia atrás.

Los ojos se le caían del sueño. Necesitaba descansar unos segundos y continuar. ¿Podía hacerlo? Sí, lo iba a hacer. Iba a cerrar los ojos y que cuando se despertara esto habría terminado. El terrible dolor de cabeza, las náuseas... todo junto.
Un chillido agudo la hizo apretar los parpados y fruncir el ceño. ¿Qué había sido eso?

Una leve corriente de aire seguida de un sonido similar al de un silbido la hizo despabilar de golpe y girarse de costado en el mismo instante en que la culata de la escopeta se estrellaba contra el lugar donde su cabeza había estado segundos antes.
Miro que su atacante con una carcajada alzaba el arma y la volvía a dirigir hacia su cabeza de nuevo.

Sin tiempo alguno para pensar, Emily pegó un salto de gato y se alejó lo suficiente como para apoyar su espalda contra una pared llevándose las manos bajo su trasero mientras evaluaba qué era lo que estaba pasando.

No me puedo desmayar ahora.  ¡Ni se te ocurra dormirte!

Percibió bajo sus palmas que en el bolsillo del pantalón algo puntiagudo la pinchaba tenuemente.

El viejo con una mano sola, y bajo un comentario incoherente pero que parecía despectivo, cargo el arma haciendo un ruido que cortó rotundamente el silencio de aquella habitación e hizo que Emily cayera en la cuenta de que en breve iba a ser testigo de su propio asesinato. En el segundo exacto en que éste le apuntó a la cabeza y disparó, ella levantó el mentón y corrió hacia él clavándole la navaja en el corazón y tirándole de las manos la escopeta cuya bala impacto contra su abdomen.
Sin importarle el nuevo y terrible dolor que estaba sufriendo, sacó el cuchillo y volvió a clavárselo hasta la empuñadura.
Bajo los gritos de sufrimiento y odio que emitía el alemán, Emily continuó clavándolo hasta que dejo de forcejear y cayo con todo su peso hacia adelante golpeándose de lleno la cara contra el suelo.

Acuclillándose a su lado presa de una total confusión, Emily sin soltar la navaja, le tomo el pulso con dedos temblorosos. Al no sentir latido alguno, el alivio y la sensación de estar a salvo la tomaron de improvisto generándole un cansancio extremo.
Echándose a un costado y apretándose la herida del abdomen que no cesaba de sangrar, descansó su cabeza en el piso y se desvaneció sin percatarse siquiera de que Clara en el estado del más profundo shock, salía corriendo de la casa llorando y pidiendo auxilio a los gritos.


Newen no sabía qué hacer; si ir con Emily o quedarse con Sami hasta que esta regrese. Desde que escuchó los disparos a lo lejos y vio que su compañera no llegaba más, empezó a pensar lo peor. Sentado sobre el tronco de un árbol caído estudió al cadáver embalsamado del niño que unas horas antes desató del atril de mármol del jardín. Sami, que estaba sentada a su lado prestándole tanta atención como él, acostó su cabecita sobre su hombro y lo miro tiernamente.

-          ¿Cuándo nos vamos? ¿Cuándo llega Emily?

Frunciendo los labios, negó con la cabeza a modo de respuesta. Emitiendo un suspiro, la pequeña volvió a acomodarse en su brazo.

Era de madrugada. Las luces del nuevo día habían empezado a brillar y a escabullirse entre las hojas de los árboles milenarios. Newen no había pegado un ojo en todas las horas en que estuvo separado de aquella médica de ojos claros y gafas. ¿Estaría bien? ¿Por qué tardaba tanto?

Más de una vez tuvo la intención de dejar a Sami sola con el chico embalsamado para ir a buscarla, pero no se creía lo bastante valiente como para abandonar a la nena con un fallecido. No, no podría.

Respiró hondo y comenzó a pensar una solución.

El canto de los pájaros y el crujido de las hojas al chocar entre ellas por el viento generó en él un momento de paz y profunda relajación haciéndolo bostezar y dormitar un rato.

Cuando aquellos ruidos fueron interrumpidos por uno nuevo Newen, con su instinto de cazador paro las orejas y se quedó quieto para entender qué era y de dónde provenía aquello que se parecía a…

Lo vio venir de lejos. Agarró a Sami con furia y rápidamente la tiro detrás del tronco del árbol caído para que éste no los viera al pasar.

Montando a caballo y a una velocidad bastante importante como para ser considerado un paseo, Newen fue testigo de cómo el cacique de su tribu se dirigía en dirección a la casa del alemán.

Y fue allí cuando un frío voraz recorrió su espalda.

-          Quedate acá y ni se te ocurra moverte – le susurro a Sami quien asintió completamente dormida.

Empezó a correr como loco en dirección a la casa y cuando estaba a punto de llegar a los jardines y vio que el caballo estaba atado sobre el pedestal de mármol se carcajeó:

-          Así que no sabía nada de él, ¿no, jefe?

---

Se despertó lentamente. La cabeza le daba mil vueltas y sentía un fuego ardiendo en su mejilla y abdomen. Parpadeó y empezó a mover los dedos de sus manos y pies para ver si todavía les funcionaba. Al comprobar que sí, levantó su brazo derecho y apoyó su palma fría en la frente.

Suspiró y se quedó mirando el techo un rato largo. Cuando por fin decidió hacer el intento de recostarse, el doblarse en el suelo le hizo ver las estrellas. No podía impedir que las lágrimas se le desparramaran por las mejillas del dolor que estaba soportando. 

Apretando los dientes con fuerza, hizo un intento titánico de poder pararse ayudándose con la pared y el cadáver del alemán cuyos ojos la condenaban al infierno al mirarla fijamente sin vida.

Después de un buen tiempo logro por fin ponerse en pie y caminar unos pasos poniendo distancia del cuerpo e inspeccionando la casa en busca de la niña.

-          Clara – la llamo con voz quebrada. Ya ni le salían las palabras de la boca de lo mal que se sentía. 

A paso lento empezó a buscarla por las habitaciones. Comenzó por la cocina donde miro por detrás de la heladera y debajo de la mesa. Continuó por las dos piezas contiguas y tampoco la halló. Caminó un tramo más hasta ver que había dos puertas en el pasillo principal. La del fondo estaba abierta y asomaba desde su interior un brazo blanco extendido. El del cadáver de la mujer vestida de blanco.

Evitando mirar esa escena fue a abrir la puerta del otro cuarto que se permanecía cerrado. Pronuncio el nombre de la nena despacito mientras la abría y se encontró cara a cara con tres niños que la contemplaban inmóviles sentados sobre un sillón de cuero marrón oscuro. Sus cuerpos embalsamados estaban tan bien colocados que los tres parecían muñecos de colección.

Tragando saliva e ignorando sus miradas fijas, se adentró en el cuarto al que rápidamente pudo identificar como biblioteca y despacho personal. Con paredes recubiertas con madera oscura y estanterías de roble repletas de libros en alemán. Idioma del que muy poco conocía. Un globo terráqueo enorme y viejo yacía en una esquina a su derecha al lado de una gran ventana cuyas persianas estaban levantadas brindándole luz y sombra natural al lugar.

Lo que a Emily le llamo realmente la atención no fue el escritorio repleto de papeles viejos y arrugados que se encontraban encima, - algo que por supuesto no pudo no curiosear- sino el impresionante cuadro pintado que colgaba en la pared detrás de este y entre dos bibliotecas. Era un retrato familiar donde se apreciaba al asesino, a su esposa y a sus tres hijos. Todos juntos posando felices con el paisaje de las montañas germanas a sus espaldas.

-          Mierda. – se dijo apretándose la herida del abdomen que había vuelto a sangrar por tanto esfuerzo. Se giró y vio que los niños que estaban sentados tranquilos en el sillón eran los mismos del retrato. Al igual que la mujer vestida de blanco.

-          No, no Dios mío .- se agarró la cabeza y empezó a jadear nerviosa. – los mató a todos. ¡Mató a su propia familia y los embalsamó! Los inmortalizó…

El sonido de los cascos de un caballo al acercarse a la entrada de la casa la puso en alerta. Respirando con dificultad, Emily salió de la habitación trastabillando y llevándose puestas las paredes. Se iba a desmayar maldita sea.

¡No acá, por favor! ¡No en este lugar espantoso!

Apoyándose contra un mueble y agarrándose bien fuerte para resistir los mareos vio cómo un hombre al que reconoció como el cacique de la tribu miraba dentro de la habitación el cadáver del viejo con asombro y preocupación. Pero eso le duró muy poco.

Poniéndose nervioso de repente, se giró y corrió hasta el despacho del viejo para rebuscar entre los papeles del escritorio al tiempo en que desde la puerta de entrada de la casa una sombra oscura se presentaba bajo un grito que hizo a Emily desmayarse del todo.

-          ¡Alto, policía!


Todos los derechos reservados


jueves, 3 de agosto de 2017

Capítulo X- Lo que dure la eternidad para los muertos.




Emily se puso un poco impaciente cuando al acercarse a la estatua del niño que les daba la bienvenida a la entrada de la casa notó que éste los seguía con la mirada. Reticente al hecho de que aquella criatura estuviese viva de verdad, bordeó la escultura de piel y carne disecada y percibió que algo andaba muy mal. Tenía la sensación de que alguien los estaba observando avanzar. De reojo vio que a su derecha la sombra de Newen la seguía.

-          No te acerques al cadáver- le susurró el aborigen refiriéndose a la estatua - Seguí hasta que alcancemos la casa.

Asintiendo, Emily continuó la marcha hasta chocar contra el tronco del árbol más cercano y se arrodilló detrás de él para observar desde su escondite la arquitectura de piedra. Bien, no le faltaba mucho para alcanzarla. Tenía delante suyo una ventana cuya ubicación era muy baja en relación con otros tipos de edificación; y estaba abierta por lo que le permitía ver el interior de una habitación tenuemente iluminada por luces blancas. ¿Blancas? ¿Tiene luz acá en medio de la selva? – pensó.

Vio que el guaraní le chistaba desde la escultura y le señalaba que iba a empezar a bajar el cadáver desde la plataforma de mármol griega donde estaba sujeto. Emily le levantó el pulgar en señal de aprobación y le indicó que iba a tratar de ver el interior de la casa. Ya ambos de acuerdo, cada uno comenzó a trabajar ignorándose mutuamente.

Tomando valor, la joven emitió un suspiro y corrió hasta sentarse en el suelo debajo de la ventana. Hizo sonar sus nudillos y empezó a asomarse lentamente desde el esquinero derecho. Espiando mínimamente desde aquel pequeño ángulo vio que en la habitación había un espejo de pie que reflejaba aquello que tenía adelante, y que era un hermoso placard de madera oscura y una cama matrimonial desde donde allí la estaba mirando con los ojos abiertos de par en par una mujer sentada en la cama.

-        ¡Mierda! - gritó y se volvió a agachar justo cuando irrumpe en la pieza un hombre canoso de rasgos germanos gritando cosas inentendibles.

Emily comenzó a gatear desesperada alejándose de la ventana todo lo posible hasta dar con el fina de aquel corredor por donde dobló y se quedó quieta contra el suelo tratando de calmar su respiración agitada. Estaba asustada. Mejor dicho, aterrada.

La cabeza le daba vueltas. La sien le palpitaba y el corazón le latía a mil por hora. Se llevó una mano al pecho mientras retraía sus rodillas contra el tórax y tiraba la cabeza hacia atrás. No tenía nada de tiempo. El hombre podría salir en cualquier momento por cualquiera de las dos esquinas de la casa y la mataría.

Se levantó del piso ignorando el repentino temblor de sus piernas y se asomó por el lado por el que ella había recién venido cuando a lo lejos se escucha el primer disparo. Agachándose por instinto se tapó los oídos y cerró los ojos con tanta fuerza que le empezaron a doler los párpados.

-        ¡No, no, no! - comenzó a gemir balanceándose de lado a lado.

No puede ser. Esto no está pasando.

Sabía que lo que decía era síntoma del shock que estaba viviendo porque ella no era así. Se decía a si misma que no aflojase, que no se echase atrás. Que necesitaba rescatar a Clara.

Que tenía que salvar a Newen.

¡Newén! - Abrió los ojos entendiendo lo que ese nombre ahora mismo significaba. El tiro, ¡le habían disparado a él!

Pará, Emilia, pará. - intentó calmarse. Si el asesino había salido de la casa, entonces ella podría entrar y rescatar a la nena lo más rápido posible antes de que éste volviese. Newen no era ningún tonto. No podría dejarse disparar tan fácilmente. ¿Habría hecho él esto para que el viejo alemán saliera de la casa y ella pudiese ingresar?

No importa, es momento de actuar.

-        Rompamos todo.

Miró hacia ambos lados y al no ver nada, se mandó de una hacia la habitación de la mujer que la observaba desde el espejo. Entró saltando la ventana tratando de obviar el hecho de que tenía a la señora mirándola sentada en la cama.  La misma vestía un camisón blanco y largo  con apliques de encaje a la altura del cuello. Al estar sentada rígida, tenía ambos pies desnudos al descubierto. El pelo, de un color negro oscuro, lo mantenía brillante y muy bien peinado con raya al medio.

Lo que más le impresionó no fue el estuviera quieta y la persiguiera con los ojos azules vidriosos, sino el hecho de que ella al pasar por su lado la misma hubiese abierto la boca y gritado echando los ojos para afuera como si estuviese poseída. Emily pegó un salto y se escabulló por la puerta a una velocidad sorprendente. Empezó a correr por la casa – que en cierto modo no era muy grande que digamos- y llamó el nombre de la niña a todo pulmón mientras revisaba sin parar por los rincones. Al momento en que llegó a un cuarto cuya puerta estaba cerrada, tenía cantado al ganador. 

Pegándole una patada a la madera, quebró las bisagras y la abrió en un santiamén escuchando el sonido del llanto teñido de pánico de una criatura. Con la adrenalina a flor de piel Emily  saco el celular de su riñonera y prendiendo la linterna mediante una aplicación, rebuscó entre la más absoluta oscuridad el cuerpito tembloroso de una niña de ocho años.

-          Clara.

El llanto se transformó en hipo.

-          Clara, vine a rescatarte. – se le acercó, pero la nena atino a pegarle. Esquivando sus puñitos débiles pero enérgicos, la sujetó por los hombros y la miro a los ojos fijamente.

-          Nos vamos de acá. Vamos a buscar a mamá.- la nena berrinchó pero Emily la sacudió de tal manera que la criatura paro con los lamentos al instante en que le dijo- vamos con mamá.

Con las mejillas empañadas de lágrimas, Clara repitió la última frase como autómata. Notándola más relajada, Emily se puso derecha y sintió que en su sien un objeto frío la tocaba moviéndole  apenas el cabello.

Y la escopeta disparó.

 ---

Una sombra se desplazaba con gran agilidad por el medio de la selva llevando entre sus brazos el cuerpo sin vida de un niño cuya sonrisa lo perseguiría por lo que dure la eternidad para los muertos.  Cuando el aborigen llego hasta donde Sami se encontraba durmiendo, depositó el cadáver observó y miro a la niña que comenzaba a despertarse.

No le dio tiempo de esconder al difunto que Sami ya se había acercado a él. 

Newen se puso tenso al ver que la nena estudiaba al niño embalsamado con cierta confusión.  Acto seguido ella alzo la vista y le preguntó:

-          ¿Quién es?

Fue en ese momento en que el aborigen, no solo escucho un disparo a la distancia que le erizo los pelos, sino que además se creaba una nueva posibilidad dentro de las vastas esperanzas de que el cuarto niño perdido, Guille, estuviera vivo.




Todos los derechos reservados.