jueves, 17 de agosto de 2017

Capítulo XII- Los Espíritus de la Selva


-   ¡Alto, policía!

El cacique abrió los ojos de par en par y levanto los brazos retrocediendo unos pasos por el pasillo. Apuntándolo con una pistola a la que aferraba con ambas manos con fuerza, el policía que se encontraba parado en la puerta de entrada a la casa le hizo una seña para que éste se tirase al suelo llevando sus muñecas a la nuca y entrelazando los dedos a la altura de la cabeza. 

Fue apoyar su cuerpo contra el piso que dos hombres uniformados ingresaron corriendo y lo esposaron. El detenido no opuso ninguna resistencia, sino que se dejó hacer mientras escuchaba el discurso de uno de ellos respecto a sus derechos y obligaciones. Tenía la mejilla derecha contra el suelo de piedra y podía ver de reojo que eran cada vez más las personas que se amontonaban e inspeccionaban los rincones de las habitaciones contiguas.

Después de unos segundos de barullo tranquilo y casi silencioso, escuchó los gritos aterrados de varios de ellos al encontrar los cuerpos repartidos por todo el lugar.

Había pasado un cuarto de hora, según lo que el cacique calculó mentalmente cuando dos oficiales lo pusieron de pie y lo llevaron con la cabeza gacha hasta un patrullero muy mal estacionado en el jardín. Al salir, se sorprendió al toparse con uno de los chicos de su comunidad que estaba ayudando a una chica muy mal herida y desvanecida contra una pared del pasillo principal cerca de la cocina.

Cuando él entró a la casa, ¿estaba esa mujer allí? La verdad, no lo recordaba. Ni tampoco tenía intención de hacerlo. ¿Y por qué estaba Newen con ella?

Ni bien se llevaron detenido al cacique, dos coches patrulla y una ambulancia llegaron, donde de este último bajaron un médico y dos enfermeros que corrieron a atender a Emily.

De las patrullas bajaron cinco policías, el oficial superior a cargo de la investigación y un hombre alto de rasgos asiáticos que voló ni bien sus pies tocaron el suelo hacia el interior de la casa. Newen, que se encontraba al lado de Emily protegiéndola se erizó al notar que el japonés entraba en estado de shock al verla y se arrodillaba a su lado bajo un mar de lágrimas de desesperación. Cuando los enfermeros acostaron a Emily en la camilla y la entraron en la ambulancia el muchacho oriental se subió a la camioneta para ir con ella. Pero antes de hacerlo, se giró y le dijo al guaraní:

-  Gracias por cuidarla.

Asintiendo un poco confundido, Newen espero a que los portones del vehículo se cerraran para ir tras un policía y pedirle que lo acompañe hasta donde se encontraba Sami. Previo a salir en su búsqueda, fue testigo de cómo sacaban de la casa los cuerpos embolsados de tres niños y una mujer.

Para cuando lo hicieron con el del alemán, Newen pudo jurar ver cómo las comisuras de la boca seca del fallecido se levantaban en una sonrisa antes de que la bolsa de plástico azul se cerrase del todo.



---


El juicio se llevó a cabo entre gritos de familiares indignados y dolidos, y llantos de arrepentimiento del jefe de la tribu quien fue el único procesado ya que los principales culpables habían sido asesinados.

El cacique confeso todo, no dejo nada por decir. Se ganó una condena de más de cinco años de prisión por haber sido partícipe de los crímenes cometidos por el alemán Ludwig Mosel, médico cirujano, anestesista y embalsamador por encargo.

- Era un loco genio. – le dijo Rye a Emily mientras le llevaba una cucharada de sopa a la boca. Él le iba relatando todo lo sucedido en el caso a medida en que la ayudaba a alimentarse.

-  Puedo sola – le regañó, pero el japonés hizo oídos sordos y continuó cargando la cuchara en el líquido espeso que sabía de maravillas.

Al ver que este no le hacía caso, se limitó a dejarse hacer y pedirle que continuara contándole lo que sabía del caso.

- Estaba desesperado por conservar las tierras que recién le habían devuelto gracias al alemán. Me refiero al cacique. – le respondió riendo al ver su cara de desconcierto. – Esto va a quedar en la nada misma.

Emily frunció el ceño.

- ¿Por?

- Porque esto es algo político. Algo gordo. ¿Sabés por qué esta investigación se comenzó a hacer? ¿Por qué la policía estaba como loca buscando a los chicos?

Emily negó aún más desconcertada.

- Porque les corresponde y es su trabajo.

-  No -  la calló secándole los labios manchados con un beso. Saboreando su sabor, continuó el relato con su aterciopelada voz suave. – Porque el padre de uno de los niños desaparecidos es un político de Misiones. Y del partido contrario al que gobierna actualmente. Pero aparte de todo esto, es que el asesino era también un peso fuerte en la gobernación local. Era uno de los principales inversores para el mantenimiento y mejoras de obras públicas del pueblo de Iguazú. Especialmente del hospital.

Emily se quedó de piedra.

-  Es broma.

Rye negó con la cabeza apoyando la cuchara en el cuenco para volverla a llenar. Sintió la mirada penetrante de la joven tras sus grandes anteojos que la hacían la mujer más hermosa de todas.  La conocía muy bien y sabia el torbellino de pensamientos que estaba sufriendo ese increíble cerebro.

- Emily

- O sea, todo el mundo sabía lo que hacía este hombre. Todo el pueblo es cómplice porque conocían las prácticas de éste con los niños. – levanto la mirada y se rio en una carcajada cargada de bronca. – Por eso la historia del hombre de la bolsa. La gente de aquí tenía miedo por sus hijos. Es así como crearon o se acoplaron a la leyenda original para que sus pequeños no fueran sus víctimas. Porque nadie podía parar a una bestia como esta. La bestia tiene poder, él podía hacer lo que quisiera.

Rye bajo la vista y le agarro la mano cariñosamente.

-  El cacique confesó ante el juez que, como el alemán lo había ayudado a recuperar las tierras que gobiernos anteriores le habían arrebatado a su comunidad, entonces por miedo a que se las vuelvan a sacar él no dijo nada de lo que éste hacía en su propiedad. Si no lo delataba, no perdía sus terrenos. Así de fácil.

- Tsk. ¿Y el chamán? ¿Qué rol cumple ese hijo de puta en todo esto? Él fue quien secuestró a los chicos y se los llevó para que los matase.

Rye frunció los labios.

- No lo sé. Pero ya castigo no va a tener porque le hiciste un tajo en el cuello que lo dejo sonriendo para siempre.

Emily echo la cabeza de costado pensativa y se tocó la manguerita del suero que corría en su mano.

- Contame más del asesino, el alemán Ludwig. ¿Qué hace un germano acá?

Rye le levanto la bandeja con la comida del regazo y la deposito en una silla para volver a sentarse a su lado.

-  Escapó de la segunda guerra. Se trajo consigo a la familia y una maleta repleta de maniquíes que dijo eran para enseñar anatomía en la universidad.

- ¿Eh? ¿Tienen universidad acá?

-  Ni idea. Pero con esa excusa hizo entrar un montón de cadáveres embalsamados de niños europeos.

- Su mujer estaba sentada en la cama de la habitación. Me encontraba tan asustada que creí que me había gritado, algo imposible la verdad. Vi a sus tres hijos como muñecos exhibidos en un sillón de la biblioteca. – se quedó callada un rato pensando. – No me percate de que tuviese en la casa alguna simbología nazi, o cosas que hayan pertenecido al Holocausto.

Rye la frenó.

- No vayamos más lejos que bastante complicada y delicada es la situación actual.

Emily le dio la razón y lo dejo a que la ayudase a recostarse. Ya era tarde y la sien comenzaba a latirle.

El japonés la tapo bien y la beso un largo rato hasta que la joven comenzó a dormitarse. Se saco los zapatos y se acostó a su lado para abrazarla suavemente.

-  Gracias por haber ido a la comisaria a denunciarme. – le dijo ella con una sonrisita.

Él le apretó la cadera juguetonamente y le acerco los labios al oído.

- Fue Clara quien te rescató. Ella salió corriendo y fue encontrada por una familia guaraní que tiene la casa cerca de donde la habían mantenido cautiva. Estos dieron aviso a la policía y así fue como entraron al corazón de la aldea donde rescataron a uno de los chicos desaparecidos y a una niña del pueblo. Las mujeres de la comunidad narraron por donde se había ido su líder y una médica. Acto seguido me llamaron a mí que fue el que hizo la denuncia para que vaya a reconocer el cadáver del chamán, a quien vos me dijiste que denunciara.

Emily movió la cabeza asintiendo contra el pecho del muchacho mientras él, con el pulgar, le acariciaba el brazo por encima de la tela del camisón.

- Menos mal que entendiste la indirecta del mensaje que te envié.

Rye suspiró. Ambos tenían como código decirse la palabra denunciame cuando uno de los dos estaba en peligro. Eran escasos los momentos en que tuvieron que hacer uso de la misma, pero les servía a modo de seguridad.

-  Minutos antes me habías avisado que ibas a estar con el doctor guaraní. Así que era lógico que a quien tenía que denunciar era a él por la desaparición de los chicos.

-  Mmmm.

Estuvieron callados durante bastante tiempo. Cuando el japonés estaba a punto de quedarse dormido, escucho la voz bajita de Emily.

-     Cuando salga de acá quiero ir a ver a los chicos. A Sami, Clara y a Juan. Se que ya están con sus papás, pero necesito verlos.

-   Si, querida.

-    Y cuando salga de acá quiero ir a llevarles una flor a los niños que enterraron.

Rye respiró impaciente.

-  Y cuando salga de acá...

-   Si, querida.



Un mes después




Se agacho con la ayuda de Newen y depositó una flor en el último epitafio de madera del pequeño cementerio. Se habían enterrado más de veinte chicos embalsamados en el lugar donde una vez un precioso jardín existió. En medio de los árboles y tumbas una fuente de agua decorativa de mármol y piedra le daba de beber a los animales que pasaban por allí.

 Los rayos del sol se filtraban por entre las hojas de las palmeras y helechos y se convertían en luces verdosas que acariciaban las cruces de madera clavadas en un extremo de la tierra.  A pocos metros de ellos, una catarata de agua escondida entre la vegetación brindaba paz con el sonido envolvente del agua al caer.

De todos los fallecidos allí solo se pudo nombrar las fosas de los hijos y esposa del asesino. Para todos los demás, sus nombres serían simplemente un anónimo.

-    Los Espíritus de la Selva

Emily se giró y miro de reojo al guaraní.

-   Aquellas almas que perezcan en estas tierras y no tengan un lugar a donde ir serán los espíritus solitarios que cuiden de esta selva por siempre hasta encontrar el descanso eterno. 

Cerrando los ojos, la Emily se enderezo del todo y respiro hondo el cálido aire de aquel escenario salvaje. Se encontraba rodeada de tumbas y árboles que le recordaban una vez más que no todo estaba terminado.

No, aún faltaba mucho más.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar hasta donde se encontraba su moto estacionada. El aborigen se quedó observando un rato el fúnebre paisaje hasta que se volteó y sintió su mirada curiosa.

-    ¿A dónde vas? - le preguntó yendo hacia ella que le tendía un casco para que se lo pusiera. – No estás en condiciones para manejar todavía.

-    Me voy a buscar el cadáver que me falta. El de Guille. ¿Venís o no?

Con una sonrisa de lado, Newen se puso el casco y se subió a la moto.






 Notas:

Queridos amigos, es un placer haber escrito esta corta novela para todos ustedes. Mil gracias por todo el cariño que me han brindado durante estos doce capítulos. Les cuento que la misma tendrá continuación. ¿Cuándo? La verdad, no lo se pero les prometo que la espera -sea cual sea- valdrá la pena.

Para aquellos que me preguntaron por Emily y Rye solo les puedo decir que esperen a Octubre de este año. Grandes anuncios vendrán.

💀 Facebook: Rocio B. Elysee escritora

💀 Grupo FB: Entre tumbas y leyendas

💀 Blog: entretumbasyleyendas.blogspot.com.ar

Todos los derechos reservados. 


No hay comentarios :

Publicar un comentario