Emily se puso un
poco impaciente cuando al acercarse a la estatua del niño que les daba la
bienvenida a la entrada de la casa notó que éste los seguía con la mirada.
Reticente al hecho de que aquella criatura estuviese viva de verdad, bordeó la
escultura de piel y carne disecada y percibió que algo andaba muy mal. Tenía la
sensación de que alguien los estaba observando avanzar. De reojo vio que a su
derecha la sombra de Newen la seguía.
-
No te acerques al cadáver- le susurró el
aborigen refiriéndose a la estatua - Seguí hasta que alcancemos la casa.
Asintiendo,
Emily continuó la marcha hasta chocar contra el tronco del árbol más cercano y
se arrodilló detrás de él para observar desde su escondite la arquitectura de
piedra. Bien, no le faltaba mucho para alcanzarla. Tenía delante suyo una
ventana cuya ubicación era muy baja en relación con otros tipos de edificación;
y estaba abierta por lo que le permitía ver el interior de una habitación
tenuemente iluminada por luces blancas. ¿Blancas? ¿Tiene luz acá en medio de la
selva? – pensó.
Vio que el guaraní
le chistaba desde la escultura y le señalaba que iba a empezar a bajar el
cadáver desde la plataforma de mármol griega donde estaba sujeto. Emily le
levantó el pulgar en señal de aprobación y le indicó que iba a tratar de ver el
interior de la casa. Ya ambos de acuerdo, cada uno comenzó a trabajar
ignorándose mutuamente.
Tomando valor,
la joven emitió un suspiro y corrió hasta sentarse en el suelo debajo de la
ventana. Hizo sonar sus nudillos y empezó a asomarse lentamente desde el
esquinero derecho. Espiando mínimamente desde aquel pequeño ángulo vio que en
la habitación había un espejo de pie que reflejaba aquello que tenía adelante,
y que era un hermoso placard de madera oscura y una cama matrimonial desde donde
allí la estaba mirando con los ojos abiertos de par en par una mujer sentada en
la cama.
-
¡Mierda! - gritó y se volvió a agachar justo
cuando irrumpe en la pieza un hombre canoso de rasgos germanos gritando cosas
inentendibles.
Emily comenzó a gatear desesperada
alejándose de la ventana todo lo posible hasta dar con el fina de aquel
corredor por donde dobló y se quedó quieta contra el suelo tratando de calmar
su respiración agitada. Estaba asustada. Mejor dicho, aterrada.
La cabeza le daba vueltas. La sien
le palpitaba y el corazón le latía a mil por hora. Se llevó una mano al pecho
mientras retraía sus rodillas contra el tórax y tiraba la cabeza hacia atrás.
No tenía nada de tiempo. El hombre podría salir en cualquier momento por
cualquiera de las dos esquinas de la casa y la mataría.
Se levantó del piso ignorando el
repentino temblor de sus piernas y se asomó por el lado por el que ella había
recién venido cuando a lo lejos se escucha el primer disparo. Agachándose por
instinto se tapó los oídos y cerró los ojos con tanta fuerza que le empezaron a
doler los párpados.
-
¡No, no, no! - comenzó a gemir balanceándose de
lado a lado.
No puede ser. Esto no está
pasando.
Sabía que lo que decía era síntoma
del shock que estaba viviendo porque ella no era así. Se decía a si misma que
no aflojase, que no se echase atrás. Que necesitaba rescatar a Clara.
Que tenía que salvar a Newen.
¡Newén! - Abrió los ojos
entendiendo lo que ese nombre ahora mismo significaba. El tiro, ¡le habían
disparado a él!
Pará, Emilia, pará. - intentó
calmarse. Si el asesino había salido de la casa, entonces ella podría entrar y
rescatar a la nena lo más rápido posible antes de que éste volviese. Newen no
era ningún tonto. No podría dejarse disparar tan fácilmente. ¿Habría hecho él
esto para que el viejo alemán saliera de la casa y ella pudiese ingresar?
No importa, es momento de actuar.
-
Rompamos todo.
Miró hacia ambos lados y al no ver
nada, se mandó de una hacia la habitación de la mujer que la observaba desde el
espejo. Entró saltando la ventana tratando de obviar el hecho de que tenía a la
señora mirándola sentada en la cama. La misma
vestía un camisón blanco y largo con
apliques de encaje a la altura del cuello. Al estar sentada rígida, tenía ambos
pies desnudos al descubierto. El pelo, de un color negro oscuro, lo mantenía brillante
y muy bien peinado con raya al medio.
Lo que más le impresionó no fue el
estuviera quieta y la persiguiera con los ojos azules vidriosos, sino el hecho
de que ella al pasar por su lado la misma hubiese abierto la boca y gritado
echando los ojos para afuera como si estuviese poseída. Emily pegó un salto y
se escabulló por la puerta a una velocidad sorprendente. Empezó a correr por la
casa – que en cierto modo no era muy grande que digamos- y llamó el nombre de
la niña a todo pulmón mientras revisaba sin parar por los rincones. Al momento
en que llegó a un cuarto cuya puerta estaba cerrada, tenía cantado al ganador.
Pegándole una patada a la madera, quebró las bisagras y la abrió en un santiamén
escuchando el sonido del llanto teñido de pánico de una criatura. Con la
adrenalina a flor de piel Emily saco el
celular de su riñonera y prendiendo la linterna mediante una aplicación, rebuscó
entre la más absoluta oscuridad el cuerpito tembloroso de una niña de ocho
años.
-
Clara.
El llanto se
transformó en hipo.
-
Clara, vine a rescatarte. – se le acercó, pero
la nena atino a pegarle. Esquivando sus puñitos débiles pero enérgicos, la sujetó
por los hombros y la miro a los ojos fijamente.
-
Nos vamos de acá. Vamos a buscar a mamá.- la
nena berrinchó pero Emily la sacudió de tal manera que la criatura paro con los
lamentos al instante en que le dijo- vamos con mamá.
Con las mejillas empañadas de lágrimas, Clara repitió la
última frase como autómata. Notándola más relajada, Emily se puso derecha y sintió
que en su sien un objeto frío la tocaba moviéndole apenas el cabello.
Y la escopeta disparó.
Una sombra se desplazaba con gran agilidad por el medio
de la selva llevando entre sus brazos el cuerpo sin vida de un niño cuya
sonrisa lo perseguiría por lo que dure la eternidad para los muertos. Cuando el aborigen llego hasta donde Sami se
encontraba durmiendo, depositó el cadáver observó y miro a la niña que
comenzaba a despertarse.
No le dio tiempo de esconder al difunto que Sami ya se
había acercado a él.
Newen se puso tenso al ver que la nena estudiaba al niño
embalsamado con cierta confusión. Acto
seguido ella alzo la vista y le preguntó:
-
¿Quién
es?
Fue en ese momento en que el aborigen, no solo escucho un disparo
a la distancia que le erizo los pelos, sino que además se creaba una nueva
posibilidad dentro de las vastas esperanzas de que el cuarto niño perdido,
Guille, estuviera vivo.
Todos los derechos reservados.
Todos los derechos reservados.
No hay comentarios :
Publicar un comentario