jueves, 3 de agosto de 2017

Capítulo X- Lo que dure la eternidad para los muertos.




Emily se puso un poco impaciente cuando al acercarse a la estatua del niño que les daba la bienvenida a la entrada de la casa notó que éste los seguía con la mirada. Reticente al hecho de que aquella criatura estuviese viva de verdad, bordeó la escultura de piel y carne disecada y percibió que algo andaba muy mal. Tenía la sensación de que alguien los estaba observando avanzar. De reojo vio que a su derecha la sombra de Newen la seguía.

-          No te acerques al cadáver- le susurró el aborigen refiriéndose a la estatua - Seguí hasta que alcancemos la casa.

Asintiendo, Emily continuó la marcha hasta chocar contra el tronco del árbol más cercano y se arrodilló detrás de él para observar desde su escondite la arquitectura de piedra. Bien, no le faltaba mucho para alcanzarla. Tenía delante suyo una ventana cuya ubicación era muy baja en relación con otros tipos de edificación; y estaba abierta por lo que le permitía ver el interior de una habitación tenuemente iluminada por luces blancas. ¿Blancas? ¿Tiene luz acá en medio de la selva? – pensó.

Vio que el guaraní le chistaba desde la escultura y le señalaba que iba a empezar a bajar el cadáver desde la plataforma de mármol griega donde estaba sujeto. Emily le levantó el pulgar en señal de aprobación y le indicó que iba a tratar de ver el interior de la casa. Ya ambos de acuerdo, cada uno comenzó a trabajar ignorándose mutuamente.

Tomando valor, la joven emitió un suspiro y corrió hasta sentarse en el suelo debajo de la ventana. Hizo sonar sus nudillos y empezó a asomarse lentamente desde el esquinero derecho. Espiando mínimamente desde aquel pequeño ángulo vio que en la habitación había un espejo de pie que reflejaba aquello que tenía adelante, y que era un hermoso placard de madera oscura y una cama matrimonial desde donde allí la estaba mirando con los ojos abiertos de par en par una mujer sentada en la cama.

-        ¡Mierda! - gritó y se volvió a agachar justo cuando irrumpe en la pieza un hombre canoso de rasgos germanos gritando cosas inentendibles.

Emily comenzó a gatear desesperada alejándose de la ventana todo lo posible hasta dar con el fina de aquel corredor por donde dobló y se quedó quieta contra el suelo tratando de calmar su respiración agitada. Estaba asustada. Mejor dicho, aterrada.

La cabeza le daba vueltas. La sien le palpitaba y el corazón le latía a mil por hora. Se llevó una mano al pecho mientras retraía sus rodillas contra el tórax y tiraba la cabeza hacia atrás. No tenía nada de tiempo. El hombre podría salir en cualquier momento por cualquiera de las dos esquinas de la casa y la mataría.

Se levantó del piso ignorando el repentino temblor de sus piernas y se asomó por el lado por el que ella había recién venido cuando a lo lejos se escucha el primer disparo. Agachándose por instinto se tapó los oídos y cerró los ojos con tanta fuerza que le empezaron a doler los párpados.

-        ¡No, no, no! - comenzó a gemir balanceándose de lado a lado.

No puede ser. Esto no está pasando.

Sabía que lo que decía era síntoma del shock que estaba viviendo porque ella no era así. Se decía a si misma que no aflojase, que no se echase atrás. Que necesitaba rescatar a Clara.

Que tenía que salvar a Newen.

¡Newén! - Abrió los ojos entendiendo lo que ese nombre ahora mismo significaba. El tiro, ¡le habían disparado a él!

Pará, Emilia, pará. - intentó calmarse. Si el asesino había salido de la casa, entonces ella podría entrar y rescatar a la nena lo más rápido posible antes de que éste volviese. Newen no era ningún tonto. No podría dejarse disparar tan fácilmente. ¿Habría hecho él esto para que el viejo alemán saliera de la casa y ella pudiese ingresar?

No importa, es momento de actuar.

-        Rompamos todo.

Miró hacia ambos lados y al no ver nada, se mandó de una hacia la habitación de la mujer que la observaba desde el espejo. Entró saltando la ventana tratando de obviar el hecho de que tenía a la señora mirándola sentada en la cama.  La misma vestía un camisón blanco y largo  con apliques de encaje a la altura del cuello. Al estar sentada rígida, tenía ambos pies desnudos al descubierto. El pelo, de un color negro oscuro, lo mantenía brillante y muy bien peinado con raya al medio.

Lo que más le impresionó no fue el estuviera quieta y la persiguiera con los ojos azules vidriosos, sino el hecho de que ella al pasar por su lado la misma hubiese abierto la boca y gritado echando los ojos para afuera como si estuviese poseída. Emily pegó un salto y se escabulló por la puerta a una velocidad sorprendente. Empezó a correr por la casa – que en cierto modo no era muy grande que digamos- y llamó el nombre de la niña a todo pulmón mientras revisaba sin parar por los rincones. Al momento en que llegó a un cuarto cuya puerta estaba cerrada, tenía cantado al ganador. 

Pegándole una patada a la madera, quebró las bisagras y la abrió en un santiamén escuchando el sonido del llanto teñido de pánico de una criatura. Con la adrenalina a flor de piel Emily  saco el celular de su riñonera y prendiendo la linterna mediante una aplicación, rebuscó entre la más absoluta oscuridad el cuerpito tembloroso de una niña de ocho años.

-          Clara.

El llanto se transformó en hipo.

-          Clara, vine a rescatarte. – se le acercó, pero la nena atino a pegarle. Esquivando sus puñitos débiles pero enérgicos, la sujetó por los hombros y la miro a los ojos fijamente.

-          Nos vamos de acá. Vamos a buscar a mamá.- la nena berrinchó pero Emily la sacudió de tal manera que la criatura paro con los lamentos al instante en que le dijo- vamos con mamá.

Con las mejillas empañadas de lágrimas, Clara repitió la última frase como autómata. Notándola más relajada, Emily se puso derecha y sintió que en su sien un objeto frío la tocaba moviéndole  apenas el cabello.

Y la escopeta disparó.

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Una sombra se desplazaba con gran agilidad por el medio de la selva llevando entre sus brazos el cuerpo sin vida de un niño cuya sonrisa lo perseguiría por lo que dure la eternidad para los muertos.  Cuando el aborigen llego hasta donde Sami se encontraba durmiendo, depositó el cadáver observó y miro a la niña que comenzaba a despertarse.

No le dio tiempo de esconder al difunto que Sami ya se había acercado a él. 

Newen se puso tenso al ver que la nena estudiaba al niño embalsamado con cierta confusión.  Acto seguido ella alzo la vista y le preguntó:

-          ¿Quién es?

Fue en ese momento en que el aborigen, no solo escucho un disparo a la distancia que le erizo los pelos, sino que además se creaba una nueva posibilidad dentro de las vastas esperanzas de que el cuarto niño perdido, Guille, estuviera vivo.




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