miércoles, 9 de agosto de 2017

Capítulo XI- La Sombra




-          Clara, vine a rescatarte. – se le acercó, pero la nena atino a pegarle. Esquivando sus puñitos débiles pero enérgicos, la sujetó por los hombros y la miro a los ojos fijamente.

-          Nos vamos de acá. Vamos a buscar a mamá. - la nena berrinchó, pero Emily la sacudió de tal manera que la criatura paro con los lamentos al instante en que le dijo- vamos con mamá.

Con las mejillas empañadas de lágrimas, Clara repitió la última frase como autómata. Notándola más relajada, Emily se puso derecha y sintió que en su sien un objeto frío la tocaba moviéndole apenas el cabello.

De una sacudida, pego un grito y se hizo de lado justo cuando la bala se disparó rozándole la nuca. Cayendo al suelo, se llevó una mano a la cabeza para palpar la herida que había comenzado a dolerle ferozmente. Sintiendo la viscosidad de su propia sangre entre los dedos, empezó a comprender el peligro de la situación. 

De reojo vio que el viejo le apuntaba a la espalda y apretaba el gatillo en el momento exacto en que ella rodó de costado y le encajó una patada en la ingle que lo hizo doblarse en dos gimiendo como un perro rabioso.

Sin esperarlo a que se recompusiera e ignorando el latido que extrañamente comenzó a sentir en su cerebro, se abalanzó hacia el asesino e intento quitarle de las manos la escopeta. Jadeando ante la sorpresa, el alemán se echó hacia atrás unos pasos y le apuntó al pecho cuando ella sin darle tiempo a reaccionar se le tiro encima agarrando el frío cañón con ambas manos para desviarlo hacia arriba.

Abriendo la boca y mostrándole los dientes amarillos y desgastados, el hombre abrió los ojos como si estos fuesen a salírseles de las órbitas y llevo su cabeza hacia adelante con una risa de payaso demoníaco mordiéndole la mejilla con fuerza logrando que la joven soltase el arma y se alejara rápidamente. Al hacerlo los dientes le desgarraron la carne quedando parte de su piel colgando de a jirones en la boca del asesino.

Llorando del agudo dolor caliente que le abrazaba la cara, Emily intento cubrirse la herida con la mano sin tocarla.
Escupiendo los restos de piel que quedaron en su boca el alemán le sonrió de costado y volvió el arma hacia ella nuevamente mientras ésta lo miraba aturdida. Emily veía nublado y la cabeza le iba a estallar en cualquier momento. Tenía muchas ganas de cerrar los ojos y dormir por un largo rato. El cuerpo le pesaba y el cansancio general que sentía no la dejó esquivar el puñetazo que é le propinó en la otra mejilla haciéndola caer hacia atrás.

Los ojos se le caían del sueño. Necesitaba descansar unos segundos y continuar. ¿Podía hacerlo? Sí, lo iba a hacer. Iba a cerrar los ojos y que cuando se despertara esto habría terminado. El terrible dolor de cabeza, las náuseas... todo junto.
Un chillido agudo la hizo apretar los parpados y fruncir el ceño. ¿Qué había sido eso?

Una leve corriente de aire seguida de un sonido similar al de un silbido la hizo despabilar de golpe y girarse de costado en el mismo instante en que la culata de la escopeta se estrellaba contra el lugar donde su cabeza había estado segundos antes.
Miro que su atacante con una carcajada alzaba el arma y la volvía a dirigir hacia su cabeza de nuevo.

Sin tiempo alguno para pensar, Emily pegó un salto de gato y se alejó lo suficiente como para apoyar su espalda contra una pared llevándose las manos bajo su trasero mientras evaluaba qué era lo que estaba pasando.

No me puedo desmayar ahora.  ¡Ni se te ocurra dormirte!

Percibió bajo sus palmas que en el bolsillo del pantalón algo puntiagudo la pinchaba tenuemente.

El viejo con una mano sola, y bajo un comentario incoherente pero que parecía despectivo, cargo el arma haciendo un ruido que cortó rotundamente el silencio de aquella habitación e hizo que Emily cayera en la cuenta de que en breve iba a ser testigo de su propio asesinato. En el segundo exacto en que éste le apuntó a la cabeza y disparó, ella levantó el mentón y corrió hacia él clavándole la navaja en el corazón y tirándole de las manos la escopeta cuya bala impacto contra su abdomen.
Sin importarle el nuevo y terrible dolor que estaba sufriendo, sacó el cuchillo y volvió a clavárselo hasta la empuñadura.
Bajo los gritos de sufrimiento y odio que emitía el alemán, Emily continuó clavándolo hasta que dejo de forcejear y cayo con todo su peso hacia adelante golpeándose de lleno la cara contra el suelo.

Acuclillándose a su lado presa de una total confusión, Emily sin soltar la navaja, le tomo el pulso con dedos temblorosos. Al no sentir latido alguno, el alivio y la sensación de estar a salvo la tomaron de improvisto generándole un cansancio extremo.
Echándose a un costado y apretándose la herida del abdomen que no cesaba de sangrar, descansó su cabeza en el piso y se desvaneció sin percatarse siquiera de que Clara en el estado del más profundo shock, salía corriendo de la casa llorando y pidiendo auxilio a los gritos.


Newen no sabía qué hacer; si ir con Emily o quedarse con Sami hasta que esta regrese. Desde que escuchó los disparos a lo lejos y vio que su compañera no llegaba más, empezó a pensar lo peor. Sentado sobre el tronco de un árbol caído estudió al cadáver embalsamado del niño que unas horas antes desató del atril de mármol del jardín. Sami, que estaba sentada a su lado prestándole tanta atención como él, acostó su cabecita sobre su hombro y lo miro tiernamente.

-          ¿Cuándo nos vamos? ¿Cuándo llega Emily?

Frunciendo los labios, negó con la cabeza a modo de respuesta. Emitiendo un suspiro, la pequeña volvió a acomodarse en su brazo.

Era de madrugada. Las luces del nuevo día habían empezado a brillar y a escabullirse entre las hojas de los árboles milenarios. Newen no había pegado un ojo en todas las horas en que estuvo separado de aquella médica de ojos claros y gafas. ¿Estaría bien? ¿Por qué tardaba tanto?

Más de una vez tuvo la intención de dejar a Sami sola con el chico embalsamado para ir a buscarla, pero no se creía lo bastante valiente como para abandonar a la nena con un fallecido. No, no podría.

Respiró hondo y comenzó a pensar una solución.

El canto de los pájaros y el crujido de las hojas al chocar entre ellas por el viento generó en él un momento de paz y profunda relajación haciéndolo bostezar y dormitar un rato.

Cuando aquellos ruidos fueron interrumpidos por uno nuevo Newen, con su instinto de cazador paro las orejas y se quedó quieto para entender qué era y de dónde provenía aquello que se parecía a…

Lo vio venir de lejos. Agarró a Sami con furia y rápidamente la tiro detrás del tronco del árbol caído para que éste no los viera al pasar.

Montando a caballo y a una velocidad bastante importante como para ser considerado un paseo, Newen fue testigo de cómo el cacique de su tribu se dirigía en dirección a la casa del alemán.

Y fue allí cuando un frío voraz recorrió su espalda.

-          Quedate acá y ni se te ocurra moverte – le susurro a Sami quien asintió completamente dormida.

Empezó a correr como loco en dirección a la casa y cuando estaba a punto de llegar a los jardines y vio que el caballo estaba atado sobre el pedestal de mármol se carcajeó:

-          Así que no sabía nada de él, ¿no, jefe?

---

Se despertó lentamente. La cabeza le daba mil vueltas y sentía un fuego ardiendo en su mejilla y abdomen. Parpadeó y empezó a mover los dedos de sus manos y pies para ver si todavía les funcionaba. Al comprobar que sí, levantó su brazo derecho y apoyó su palma fría en la frente.

Suspiró y se quedó mirando el techo un rato largo. Cuando por fin decidió hacer el intento de recostarse, el doblarse en el suelo le hizo ver las estrellas. No podía impedir que las lágrimas se le desparramaran por las mejillas del dolor que estaba soportando. 

Apretando los dientes con fuerza, hizo un intento titánico de poder pararse ayudándose con la pared y el cadáver del alemán cuyos ojos la condenaban al infierno al mirarla fijamente sin vida.

Después de un buen tiempo logro por fin ponerse en pie y caminar unos pasos poniendo distancia del cuerpo e inspeccionando la casa en busca de la niña.

-          Clara – la llamo con voz quebrada. Ya ni le salían las palabras de la boca de lo mal que se sentía. 

A paso lento empezó a buscarla por las habitaciones. Comenzó por la cocina donde miro por detrás de la heladera y debajo de la mesa. Continuó por las dos piezas contiguas y tampoco la halló. Caminó un tramo más hasta ver que había dos puertas en el pasillo principal. La del fondo estaba abierta y asomaba desde su interior un brazo blanco extendido. El del cadáver de la mujer vestida de blanco.

Evitando mirar esa escena fue a abrir la puerta del otro cuarto que se permanecía cerrado. Pronuncio el nombre de la nena despacito mientras la abría y se encontró cara a cara con tres niños que la contemplaban inmóviles sentados sobre un sillón de cuero marrón oscuro. Sus cuerpos embalsamados estaban tan bien colocados que los tres parecían muñecos de colección.

Tragando saliva e ignorando sus miradas fijas, se adentró en el cuarto al que rápidamente pudo identificar como biblioteca y despacho personal. Con paredes recubiertas con madera oscura y estanterías de roble repletas de libros en alemán. Idioma del que muy poco conocía. Un globo terráqueo enorme y viejo yacía en una esquina a su derecha al lado de una gran ventana cuyas persianas estaban levantadas brindándole luz y sombra natural al lugar.

Lo que a Emily le llamo realmente la atención no fue el escritorio repleto de papeles viejos y arrugados que se encontraban encima, - algo que por supuesto no pudo no curiosear- sino el impresionante cuadro pintado que colgaba en la pared detrás de este y entre dos bibliotecas. Era un retrato familiar donde se apreciaba al asesino, a su esposa y a sus tres hijos. Todos juntos posando felices con el paisaje de las montañas germanas a sus espaldas.

-          Mierda. – se dijo apretándose la herida del abdomen que había vuelto a sangrar por tanto esfuerzo. Se giró y vio que los niños que estaban sentados tranquilos en el sillón eran los mismos del retrato. Al igual que la mujer vestida de blanco.

-          No, no Dios mío .- se agarró la cabeza y empezó a jadear nerviosa. – los mató a todos. ¡Mató a su propia familia y los embalsamó! Los inmortalizó…

El sonido de los cascos de un caballo al acercarse a la entrada de la casa la puso en alerta. Respirando con dificultad, Emily salió de la habitación trastabillando y llevándose puestas las paredes. Se iba a desmayar maldita sea.

¡No acá, por favor! ¡No en este lugar espantoso!

Apoyándose contra un mueble y agarrándose bien fuerte para resistir los mareos vio cómo un hombre al que reconoció como el cacique de la tribu miraba dentro de la habitación el cadáver del viejo con asombro y preocupación. Pero eso le duró muy poco.

Poniéndose nervioso de repente, se giró y corrió hasta el despacho del viejo para rebuscar entre los papeles del escritorio al tiempo en que desde la puerta de entrada de la casa una sombra oscura se presentaba bajo un grito que hizo a Emily desmayarse del todo.

-          ¡Alto, policía!


Todos los derechos reservados


No hay comentarios :

Publicar un comentario